1° Corintios 10:2-13

2Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar;

3Y todos comieron la misma vianda espiritual;

4Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo.

5Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; por lo cual fueron postrados en el desierto.

6Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.

7Ni seáis honradores de ídolos, como algunos de ellos, según está escrito: Sentóse el pueblo á comer y á beber, y se levantaron á jugar.

8Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veinte y tres mil.

9Ni tentemos á Cristo, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.

10Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.

11Y estas cosas les acontecieron en figura; y son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado.

12Así que, el que piensa estar firme, mire no caiga.

13No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podeís llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar.

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Acerca de 1° Corintios capítulo 10 versículo 2 al 13:

1° Corintios 10:2-13, (1Cor 10:2-13)

Plegaria del Día

Oración a Santa Mariana de Jesús Paredes


Oh, Santa Mariana de Jesús, Azucena

de Quito; vos sois la hija del Dios

de la vida, aquella santa mujer que

servir quiso a Aquél que todo lo ve,

desde los claustros santos; pero Él,

en su infinita sabiduría, teneros en

el mundo quiso, para que desde allí,

pudierais con vuestra tarea cumplir,

hasta la entrega total de la propia

vida; porque bien sabíais vos, que

deberíais negaros a sí misma, para

crecer en los demás, ya que allí el

secreto reposa, del amor verdadero.


Y como que lo hicisteis, hasta el

final de vuestros días; y cada vez

que rezabais el Rosario santo, os

colocabais corona de espinas y los

brazos vuestros, los abríais en cruz.


Un día vos dijisteis, cuando temblaba

la tierra, que no erais necesaria

para seguir con vida, y la acrecíais

a cambio de la del sacerdote, porque

aquél, salvaría más almas que vos;

oh, Santa Mariana de Jesús, Azucena

de Quito, alma fecunda del Dios vivo.


Amén