1° Corintios 10:2-18

2Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar;

3Y todos comieron la misma vianda espiritual;

4Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo.

5Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; por lo cual fueron postrados en el desierto.

6Empero estas cosas fueron en figura de nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.

7Ni seáis honradores de ídolos, como algunos de ellos, según está escrito: Sentóse el pueblo á comer y á beber, y se levantaron á jugar.

8Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veinte y tres mil.

9Ni tentemos á Cristo, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.

10Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.

11Y estas cosas les acontecieron en figura; y son escritas para nuestra admonición, en quienes los fines de los siglos han parado.

12Así que, el que piensa estar firme, mire no caiga.

13No os ha tomado tentación, sino humana: mas fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podeís llevar; antes dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis aguantar.

14Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.

15Como á sabios hablo; juzgad vosotros lo que digo.

16La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?

17Porque un pan, es que muchos somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel un pan.

18Mirad á Israel según la carne: los que comen de los sacrificios ¿no son partícipes con el altar?

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Acerca de 1° Corintios capítulo 10 versículo 2 al 18:

1° Corintios 10:2-18, (1Cor 10:2-18)

Plegaria del Día

Oración a Nicolás de Bari (San Nicolás o Santa Claus)


ORACIÓN I

¡Oh glorioso san Nicolás mi especial protector! desde aquella morada de luz, en que gozáis de la presencia divina, volved piadoso vuestros ojos hacia mí, y alcanzadme del Señor aquellas gracias y auxilios convenientes a mis presentes necesidades, tanto espirituales como corporales, y en particular la gracia (mencionar aquí), que sea conducente para mi eterna salvación. Proteged también, oh glorioso santo obispo, a nuestro Sumo Pontífice, a la Iglesia santa y a esta devota ciudad. Reducid al camino recto de la salvación a los que viven sumidos en el pecado, o envueltos en las tinieblas de la ignorancia, del error y de la herejía. Consolad a los afligidos, socorred a los necesitados, confortad a los pusilánimes, defended a los oprimidos, asistid a los enfermos; y haced por fin que todos experimenten los efectos de vuestro poderoso patrocinio para con el supremos Dispensador de todos los bienes. Amén.

Rezar un padrenuestro y avemaría.


ORACIÓN II

¡Oh bienaventurado San Nicolás de Bari! a quién Dios ha glorificado con innumerables milagros manifestando su voluntad de que acudamos a ti, en los momentos difíciles de nuestra vida, confiados en tu protección.

¡Oh portento de caridad! al que acuden las familias, los pobres, los enfermos, los comerciantes, los empleados, los presos, los niños, las doncellas en peligro; yo, humildemente te pido me alcances la gracia que de ti espero, confiado en tu valiosísima protección, la que nunca niegas a tus devotos, para que favorecidos por tus bondades, cantemos una vez más las misericordias del Señor, y las maravillas de sus santos. ¡Providentísimo San Nicolás! no me abandones.