1° Corintios 10:20-31

20Antes digo que lo que los Gentiles sacrifican, á los demonios lo sacrifican, y no á Dios: y no querría que vosotros fueseis partícipes con los demonios.

21No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios: no podéis ser partícipes de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.

22¿O provocaremos á celo al Señor? ¿Somos más fuertes que él?

23Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica.

24Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.

25De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia;

26Porque del Señor es la tierra y lo que la hinche.

27Y si algún infiel os llama, y queréis ir, de todo lo que se os pone delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia.

28Mas si alguien os dijere: Esto fué sacrificado á los ídolos: no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia: porque del Señor es la tierra y lo que la hinche.

29La conciencia, digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia?

30Y si yo con agradecimiento participo, ¿por qué he de ser blasfemado por lo que doy gracias?

31Si pues coméis, ó bebéis, ó hacéis otra cosa, haced lo todo á gloria de Dios.

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Acerca de 1° Corintios capítulo 10 versículo 20 al 31:

1° Corintios 10:20-31, (1Cor 10:20-31)

Plegaria del Día

Oración por la Paz del Papa Juan Pablo II

Dios de infinita misericordia y bondad, con corazón agradecido te invocamos hoy en esta tierra que en otros tiempos recorrió San Pablo.

Proclamó a las naciones la verdad de que en Cristo Dios reconcilió al mundo consigo. Que tu voz resuene en el corazón de todos los hombres y mujeres, cuando los llames a seguir el camino de reconciliación y paz, y a ser misericordiosos como tú.

Señor, tú diriges palabras de paz a tu pueblo y a todos los que se convierten a ti de corazón.

Te pedimos por los pueblos de Oriente Próximo.

Ayúdales a derribar las barreras de la hostilidad y de la división y a construir juntos un mundo de justicia y solidaridad.

Señor, tú creas cielos nuevos y una tierra nueva. Te encomendamos a los jóvenes de estas tierras.

En su corazón aspiran a un futuro más luminoso; fortalece sus decisión de ser hombres  y mujeres de paz y heraldos de una nueva esperanza para sus pueblos. Padre, tú haces germinar la justicia en la tierra.

Te pedimos por las autoridades civiles de esta región, para que se esfuercen por satisfacer las justas aspiraciones de sus pueblos y eduquen a  los jóvenes en la justicia y en la paz.

Impúlsalos a trabajar generosamente por el bien común y a respetar la dignidad inalienable de toda persona y los derechos fundamentales que derivan de la imagen y semejanza del Creador impresa en todo ser humano.

Te pedimos de modo especial por la autoridades de esta noble tierra de Siria.

Concédeles sabiduría, clarividencia y perseverancia; no permitas que se desanimen en su ardua tarea de construir la paz duradera, que anhelan todos los pueblos.  Padre celestial, en este lugar  donde se produjo la conversión del apóstol San Pablo, te pedimos por todos los que creen en el evangelio de Jesucristo.

Guía sus pasos en la verdad y en el amor. Haz que sean uno, como tú eres uno con el Hijo y el Espíritu Santo.

Que testimonien la paz que supera todo conocimiento y la luz que triunfa sobre las tinieblas de la hostilidad, del pecado y de la muerte.

Señor del cielo y de la tierra, Creador de la única familia humana, te pedimos por los seguidores de todas las religiones.

Que busquen tu voluntad en la oración y en la pureza del corazón, y te adoren y glorifiquen tu santo nombre. Ayúdales a encontrar en ti la fuerza
para superar el miedo y la desconfianza, para que  crezca la amistad y vivan juntos en armonía.

Padre misericordioso, que todos los creyentes encuentren la valentía de perdonarse unos a otros, a fin de que se curen las heridas del pasado y no sean un pretexto para nuevos sufrimientos en el presente.

Concédenos que esto se realice obre todo en Tierra Santa, esta tierra que bendijiste con tantos signos de tu Providencia y donde te revelaste como Dios de amor.

A la Madre de Jesús,  la bienaventurada siempre Virgen María, le encomendamos a los hombres y a las mujeres que viven en la tierra donde vivió Jesús.

Que, al seguir su ejemplo, escuchen la palabra de Dios y tengan respeto y compasión por lo demás, especialmente por los que son diversos de ellos.

Que, con un solo corazón y una sola mente, trabajen para que todo el mundo sea una verdadera casa para todos sus pueblos.

¡ Paz! ¡Paz! ¡Paz! 

Amén.