1° Corintios 10:21-29

21No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios: no podéis ser partícipes de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.

22¿O provocaremos á celo al Señor? ¿Somos más fuertes que él?

23Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica.

24Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.

25De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia;

26Porque del Señor es la tierra y lo que la hinche.

27Y si algún infiel os llama, y queréis ir, de todo lo que se os pone delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia.

28Mas si alguien os dijere: Esto fué sacrificado á los ídolos: no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia: porque del Señor es la tierra y lo que la hinche.

29La conciencia, digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia?

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Acerca de 1° Corintios capítulo 10 versículo 21 al 29:

1° Corintios 10:21-29, (1Cor 10:21-29)

Plegaria del Día

Oración del miércoles de Cenizas


Me decía la serpiente del paraíso:

«Se te abrirán los ojos, conocerás el bien y el mal, serás como un dios».

Me decía también: «Ocúpate de ti mismo,  cierra los ojos al sufrimiento de los hombres, olvídate que son tus hermanos  y prescinde de ellos, querido Caín. Constrúyete la torre de tu orgullo, siéntete superior a todos, no escuches el llanto del hambre ni levantes los ojos de tus libros y así no verás las  manos impertinentes de quienes te necesitan. Con tu Babel, ya no necesitas para nada a Dios. Tú eres un dios».


Y yo me lo he ido creyendo todo. Me doy cuenta de que tengo ganas de decidir yo lo que está bien, incluso a costa de olvidar la palabra dada.

¡Cuántas ocasiones perdidas para haber sido testigo de lo que creo, para haber dicho, con palabras y obras, que me tomo en serio el Evangelio!

Me ha podido la comodidad, la cobardía, el no complicarme la vida...


Una sed inmensa se apodera de mí y me devora.

He querido llenar mi vacío interior, pero no he acertado a escoger el Agua Viva y fresca y he acabado enturbiando y secando lo más vivo de mí mismo, lo mejor de mi pozo interior.

Ya casi ni escucho esa voz que me acompaña, esa presencia divina que me habita.

¡Cuánto ruido ensordecedor busqué para no oírme, para no oírte, y qué sordo me volví!


Hay algo que me llama y tira de mí muchas veces para que huya de mi casa -la tuya-, hacia tierras lejanas.

Y ahora me encuentro bien lejos, he malgastado mi tiempo y tus dones, me he rebajado y me he metido en el fango y me avergüenza ver lo bajo que he caído.


Me gusta, Padre, hacer mi santa voluntad hasta que descubro, con tristeza, que mis manos se han ido vaciando poco a poco y ahora no tengo en ellas nada que merezca la pena, nada que dar y ofrecer porque todo lo derroché.

Incluso a mis amigos los siento lejos porque he confundido la entrega con las discusiones vacías y las excusas.


No soy infinito,  aunque tengo sed de infinito.

La tierra y el polvo me  recuerdan lo que soy y lo que seré.

La tierra y el polvo me recuerdan que Tú eres mi Alfarero, pero yo no me he dejado moldear, arcilla rebelde, ni cocer al fuego de tu Espíritu.


Miércoles de ceniza:

    Es hora de volver a casa, desde este país donde ya no hay alimento que pueda saciar mi hambre.


Miércoles de ceniza:

    Hora de hacer una hoguera con todo mi egoísmo y mi estupidez.

    Hora de reducir a cenizas mi absurda torre de Babel y bajarme a la tierra y comenzar a dar manos. 

     Hora de quitar estorbos de mis oídos, y hacer silencio para volver a escucharte y a escucharme.


Miércoles de ceniza:

    Como ella, debo entrar en el horno de tu Espíritu y dejarme transformar en el cántaro que tú quieras.

    Aunque mi sí quedó hecho cenizas, sé que puedo renovarlo. Y quiero hacerlo, con tu ayuda.


Miércoles de ceniza:

    Cuarenta días para dejarme encontrar por Ti, para darme cuenta de que me esperas a la puerta de casa.

    Cuarenta días para pedirte perdón y ayunar de tantas cosas que me sobran y otros necesitan.

    Cuarenta días para escuchar más atento tu Palabra, y dejar que sea tu Pan quien me sacie y tu perdón quien me restaure.


Un poco de ceniza en el rostro

me puede poner en camino de verdad:

NO HAY CAMINO FUERA DE DIOS.

Y hoy mismo comienzo el camino de retorno a Tu casa.