1° Corintios 11:12-25

12Porque como la mujer es del varón, así también el varón es por la mujer: empero todo de Dios.

13Juzgad vosotros mismos: ¿es honesto orar la mujer á Dios no cubierta?

14La misma naturaleza ¿no os enseña que al hombre sea deshonesto criar cabello?

15Por el contrario, á la mujer criar el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.

16Con todo eso, si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.

17Esto empero os denuncio, que no alabo, que no por mejor sino por peor os juntáis.

18Porque lo primero, cuando os juntáis en la iglesia, oigo que hay entre vosotros disensiones; y en parte lo creo.

19Porque preciso es que haya entre vosotros aun herejías, para que los que son probados se manifiesten entre vosotros.

20Cuando pues os juntáis en uno, esto no es comer la cena del Señor.

21Porque cada uno toma antes para comer su propia cena; y el uno tiene hambre, y el otro está embriagado.

22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿ó menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis á los que no tienen? ¿Qué os diré? ¿os alabaré? En esto no os alabo.

23Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fué entregado, tomó pan;

24Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí.

25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mí.

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Acerca de 1° Corintios capítulo 11 versículo 12 al 25:

1° Corintios 11:12-25, (1Cor 11:12-25)

Plegaria del Día

Oración del Domingo de Ramos


Señor Jesús, con este mismo ramo te acompañamos hoy 
a recordar tu entrada en Jerusalén, con nuestra presencia en el templo
dijimos que somos tus seguidores y que tú eres el rey de los reyes.
Ahora te pedimos que protejas a nuestra familia de todo mal 
y nos conviertas en testigos de tu amor y tu paz,
para que un día podamos reinar contigo en la Jerusalén celestial,
donde vives y reinas por los siglos de los siglos amén.

Por la mañana

Aquí estoy... "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad". En un borriquillo viene, cabalgando victorioso por la verdad y la justicia. Se dirige hacia su Pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres. Humilde y pobre entra en la ciudad; manso y cercano. Él no grita, los que le reciben sí. Salen a su encuentro, lo aclaman como Rey y Mesías; pero lo suyo es el silencio, la sencillez y la entrega. Podemos correr también nosotros, primero a por nuestro ramo de olivo, después para arropar a este modesto Jesús con el más firme y limpio propósito de acompañarle hasta el final, hasta donde Él va a llegar para salvarnos.

Subamos con Él a esa montaña, desnudos como Él, para que pueda lavarnos con su sangre y vestirnos con su gracia. "Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor". Vencedor de la muerte y del mal, condúcenos a los que en ti creemos, esperamos y amamos a tu gloriosa resurrección. Convierte el madero de nuestro dolor en árbol de vida. Porque... no he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor y cantar al triunfador de la muerte.

Por la noche

"Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo ". Das tu vida por las ovejas, nosotros, que cuando te veamos herido, huiremos y nos dispersaremos. Soportas nuestros sufrimientos; aguantas nuestras rebeldías. Y las autoridades al final, aunque no encontrarán en ti nada que merezca la muerte, le pedirán a Pilato que te mande ejecutar. Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu cruz has redimido al mundo.

Redentor nuestro, Cordero manso, tu sangre nos ha purificado. Unidos ahora a tu Pasión, queremos animar, confortar y consolar, como Tú, a los atribulados con el mismo consuelo y con idéntica paz con los que Tú nos animas, confortas y consuelas a nosotros. Y hacer y realizar siempre esa tarea con los débiles, abatidos, condenados, sencillos y pequeños. Enséñanos a ser obedientes y a tener paciencia en todo lo que nos pase en la vida. Que tu amor inunde nuestra tierra y cubra sus heridas. Ábrenos de par en par la puerta de tu costado, para que el río de la Vida nos arrastre y nos devuelva al regazo de Dios, y en Él encontremos el descanso.