1° Corintios 11:13-28

13Juzgad vosotros mismos: ¿es honesto orar la mujer á Dios no cubierta?

14La misma naturaleza ¿no os enseña que al hombre sea deshonesto criar cabello?

15Por el contrario, á la mujer criar el cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado el cabello.

16Con todo eso, si alguno parece ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las iglesias de Dios.

17Esto empero os denuncio, que no alabo, que no por mejor sino por peor os juntáis.

18Porque lo primero, cuando os juntáis en la iglesia, oigo que hay entre vosotros disensiones; y en parte lo creo.

19Porque preciso es que haya entre vosotros aun herejías, para que los que son probados se manifiesten entre vosotros.

20Cuando pues os juntáis en uno, esto no es comer la cena del Señor.

21Porque cada uno toma antes para comer su propia cena; y el uno tiene hambre, y el otro está embriagado.

22Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿ó menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis á los que no tienen? ¿Qué os diré? ¿os alabaré? En esto no os alabo.

23Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fué entregado, tomó pan;

24Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo que por vosotros es partido: haced esto en memoria de mí.

25Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre: haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mí.

26Porque todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga.

27De manera que, cualquiera que comiere este pan ó bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.

28Por tanto, pruébese cada uno á sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa.

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Acerca de 1° Corintios capítulo 11 versículo 13 al 28:

1° Corintios 11:13-28, (1Cor 11:13-28)

Plegaria del Día

Oración octavo día de Cuaresma

Camino de Victoria de la Misericordia de Dios sobre lo que nos aplasta o rebaja la dignidad de Hijos de Dios que poseemos: la esclavitud, sufrimiento, muerte; y ello porque Dios da a esta generación, Algo y Alguien más que se convierte para nosotros en libertad, gozo y Vida: el Hijo del Hombre, la Señal de Dios por excelencia.


TEXTO VICENCIANO

Más vale hacer poco que no hacer nada: “Representantes del pueblo: No digáis que os falta la inspiración. […] No ignoramos ni los obstáculos ni las rivalidades, ni las imperfecciones que detienen cada proyecto y que eternizan los debates. Pero nunca hemos visto que los grandes poderes fueran instituidos por circunstancias fáciles; consideramos que las rivalidades de amor propio deben borrarse ante la necesidad pública y que, finalmente, más vale hacer de forma imperfecta, que no hacer nada”. (Federico Ozanam. «A las gentes de bien», en l’Ere nouvelle, 15 de septiembre de 1848).

REFLEXIÓN PERSONAL

Fuimos tomados de la Tierra, como nos recordó el símbolo de las cenizas, pero ese barro en manos de Dios y con el soplo de su Espíritu de Amor y Vida, nos salva de otros alientos asfixiantes de “nuestra generación”, como nuestros egoísmos, nuestras ambiciones mezquinas, nuestras silenciosas indiferencias, que ahogan el espíritu y anestesian el corazón, como lo denuncia Federico Ozanam; no esperemos achicar a Jesús a nuestros moldes milagreros, porque la señal que convierte no son los milagros, sino el testimonio de vida, como el de Jesús y su Resurrección que, -en medio del fango que rodea a nuestra historia (consumismo alienante, amenaza ecológica, violencia doméstica, guerras, infanticidios, urbanismo deshumanizante, injusticias alienantes, xenofobias, racismo)-, es aliento vital que Dios Padre no deja de ofrecernos. 

Seamos capaces de reconocer esa llamada de Dios en medio de nuestra generación, de nuestra realidad, igual que Ozanam, y no ser ajenos a sus clamores para que vuelva a la dignidad de Dios, a ser liberada, humanizada, Salvada… Seamos Testigos de Dios, en lo que podamos, como podamos, hasta donde lleguemos, pero seamos Señal de la Presencia del Dios Vivo en nuestro mundo.

ORACIÓN FINAL

Me habría encantado encontrarme, Señor, entre aquel gentío que se arremolinaba alrededor tuyo para escucharte porque, igual que ellos, creo que nunca hubo Sabiduría como la tuya, ni un Maestro como Tú. 

Y a pesar de tus serias palabras con aquellas personas, que hoy también son válidas con nuestra generación, te ruego me aceptes entre tus discípulos y amigos, pues antes o después entraré de lleno en tu Camino, en tu verdad, en tu Vida, de modo que tu gracia continuamente me preceda y acompañe, de manera que esté dispuesto a obrar siempre el bien. 

Amén.